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Published on octubre 14th, 2013 | by info-enlaces

El susurrador de leones

 

De pequeño guardaba grillos bajo su cama y tenía un sapo –Paddajie– como mascota. Luego llegaron los pájaros, los perros, los cachorros de león y, por fin, 30 leones y leonas adultos a los que maneja como si fueran inofensivas ovejas. Tan bien los sabe tratar el sudafricano Kevin Richardson que consiguió cambiarlos de reserva –desde la que ocupaban en Johannesburgo hasta una en Pretoria– en varios viajes a bordo de una sencilla Mercedes Sprinter. Un mes después de la llegada, el único animal que parecía traumatizado por la mudanza era el perro de la familia.

La historia de este aspirante a biólogo estuvo a punto de torcerse en la universidad, tras dos años estudiando biología marina. Richardson cambió entonces a los animales por la fisioterapia, convencido de que su amor por los mamíferos sería sólo un hobby. Fue entonces cuando conoció al empresarioRodney Fur, propietario de una reserva de leones en Johannesburgo. Entre tratamiento y tratamiento –Fur era su paciente– comenzaron a hablar y el empresario pidió a Richardson que se hiciera cargo de dos cachorros de león,Tau y Napoleón, de seis meses cada uno. Fue el principio de una bonita amistad.

Criados bajo su mano, Tau y Napoleón, de 16 años, y los otros 28 leones que viven hoy en la reserva de Richardson lo tratan como a uno más de la manada. Juegan con él, confían en él y también se enfadan con él. Sus cicatrices son testigos, pero el temeroso susurrador de leones, como es conocido, asegura que, a pesar de las situaciones de riesgo, su vida nunca ha estado en peligro.

Quizá para tranquilizar a su familia –Richardson está casado y es padre de dos niños– o quizá porque nunca se ha sentido amenazado por estos enormes felinos, lo cierto es que desafía todas las normas que rigen la interacción con animales.

Convencido de que los leones son afectuosos y no asesinos devoradores de hombres, Richardson apuesta por establecer un vínculo afectivo con cada uno de sus animales. Asegura saber cuándo están de buen humor o si han tenido un mal día, y considera que, con no acercarse cuando algo pinta mal, el riesgo es casi cero. Increíble, pero cierto, como demuestran estas imágenes:

Autodidacta y casi anárquico, ignora los protocolos de seguridad de todos los manuales de etología, pero deja asomar un atisbo de cordura cuando reconoce que jamás entraría en contacto con un animal totalmente salvaje. Pone como ejemplo al californiano Timothy Treadwell, atacado mortalmente por los osos grizzly con los que vivía en Alaska, y señala que alguien que pretenda interferir en la vida de un animal criado en completa libertad está loco.

Advierte que las imágenes que fotógrafos y documentalistas han grabado de él y sus leones –bañándose juntos en el río, durmiendo al raso, abrazándose, jugando y hasta con la mano de Richardson sumergida en la enorme boca de un macho de león– son fruto de muchos años de conocimiento, interacción y paciencia.

Amigo también de hienas y guepardos, Richardson pasa su tiempo entre las grabaciones de documentales y proyectos de conservación de la naturaleza. Se dice consciente del riesgo que corre, pero asegura que, si uno de sus leones le matara y luego volviera a nacer, elegiría la misma vida. Si él lo dice…. (por Rosa Cuervas-Mons)

 

 


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