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Published on octubre 1st, 2013 | by XTX-enlaces

Así acabó «Breaking Bad»: Mi chica azul

Analizamos la despedida del narcotraficante más popular de la televisión, unas horas después de la emisión del último capítulo de la serie, después de cinco temporadas en antena

ATENCIÓN SPOILERS: A continuación se detallan aspectos clave del desenlace de la serie Breaking Bad. Si no quieres enterarte de ellos, no sigas leyendo.

-«Estás horrible»-, dice Skyler. -«Pero me encuentro bien»-, responde Walter.

El último capítulo de «Breaking Bad» nos sitúa casi un año después de los últimos acontecimientos, con un Walter White que ha tenido un año de soledad, aislado en la montaña, para planificar cada paso de su cierre, para tomar conciencia de su caída moral, para intentar -no arreglar lo que había roto, porque eso era imposible- minimizar los daños. Y, por supuesto, para que Heisenberg pudiera vengarse.

Un Walter cansado, torpe, carcomido por el cáncer, vuelve a las escenas del crimen, con un plan maestro dentro de la cabeza y con la sensación de que todo se puede torcer en cualquier momento: las primeras etapas de su estrategia son fáciles (legar el dinero a sus hijos, volver a casa a por el veneno, acabar con la asustadiza Lydia), pero lo aleatorio entra en juego cuando tiene que enfrentarse cara a cara con la familia de demonios que le retiraron del negocio. Aún así, su plan se demuestra perfecto y acaba triunfante.

Lo bello del último capítulo de «Breaking Bad» es que cada paso que da parece parte de un proceso de «cocinado» lento, detallista, preciso, pausado, como si Mr. White hubiera estado elaborando su último encargo de metanfetamina azul. Un desenlace en el que Walter toma -como a lo largo de la serie- todas las decisiones morales, pero que permite a Jesse elegir la última: matar a Todd y dejar vivir a su socio.

Aunque no hubiera sido necesario, el capítulo aborda el cierre de la mayoría de las tramas centrales y sirve de despedida de todos los personajes importantes (excepción de Saul, quiEn ya tuvo su momento y a quien nos cansaremos de ver en el spin-off). Incluso Hank aparece en el único flashback del que se sirve Gillian. Lo que no se ve en pantalla en ningún momento -ya no importa- es la codiciada metanfetamina azul.

Mención aparte merece la escena de la última conversación del matrimonio White, en la que Walter aparece casi por arte de magia: cada plano está cuidado al detalle (el rostro de Skyler reflejado en la puerta del microondas, la columna que los separa pese a que hablan al lado). Un momento de descanso en el que regresa aquel profesor de química que conocimos, antes de que Heisenberg vuelva a tomar el protagonismo de las escenas.

Un final sin giros espectaculares ni artificiosos, innecesarios y que no casarían con todo lo que la serie ha construido a lo largo de estos seis años. Pero con una confesión necesaria y mayúscula: aquella en la que su protagonista -por fin- admite que todo lo hizo… por él mismo. Su familia no tuvo nada que ver. Un cierre redondo para una de las mejores series de televisión de la última década: White se despide tumbado en el suelo, con una sonrisa y con la policía enfocando un haz de luz sobre su cabeza mientras suena el «Baby Blue» de Badfinger. Parece que está horrible. Pero él se encuentra bien.

 

 

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